
Un mostrador con olor a metal y madera
Todo empezó como empiezan las buenas historias: sin saber que lo era. Un pequeño negocio familiar de herrajes donde se despachaba de todo pero, sobre todo, se escuchaba. Al carpintero que buscaba unos pernios imposibles de encontrar. A la vecina que quería una manilla bonita «como las de antes». Allí aprendimos la lección que todavía hoy nos guía: detrás de cada tornillo siempre hay una persona.





